Aquí os dejo la segunda parte de cómo montártelo por tu cuenta, hasta la semana que viene más y mejor.
La cruda realidad
El papel lo aguanta todo,
el proyecto puede ser muy bueno y tener una previsión de ventas muy buena. Pero
llega el momento de enfrentarse a la cruda realidad, y es que la inserción en
el mercado es siempre complicada. Supone el comienzo de la actividad real, más
allá de todo el trabajo previo que se haya realizado (modelo de negocio,
conocer el sector, plan estratégico, DAFO…), y la idea se mide en un terreno
competitivo lleno de dificultades que tal vez no se haya tenido en cuenta
antes. Las claves para sobrevivir en esta jungla pueden ser mantenerse alerta,
tener humildad, ser objetivos, ser muy audaces, pero sobre todo tener capacidad
de adaptación para modificar nuestra idea a las necesidades del mercado.
¿Emprender solo o acompañado?
Es uno de los aspectos más
críticos del emprendizaje: decidir con quién trabajar y qué tipo de relación
establecer; aprender a motivar a los demás y trabajar en red. Por muy
multitarea que seas, casi ningún proyecto puede salir adelante con una sola
persona. Los socios, empleados y colaboradores pueden multiplicar el potencial
de tu proyecto o condenarlo al fracaso, ser una fuente de alegrías y
satisfacción o convertirse en tu peor pesadilla. No existen fórmulas mágicas y
es fundamental dar con la buena.
En general, quienes
emprenden por primera vez suelen optar por hacerlo acompañados porque, a
primera vista, las ventajas son evidentes. Asociarse permite compartir
responsabilidades, penas y alegrías. Aporta mayor capacidad de trabajo y, por
supuesto, más capital. Las razones por las que las personas emprendedoras optan
por asociarse suelen ser de dos tipos:
1.
Para suplir sus propias capacidades con alguien que
conoce bien el sector o posee habilidades concretas; bien para conseguir mayor
financiación. Pero quienes cuentan con mayor experiencia en emprendizaje
insisten en que estas son falsas. En el primer caso, siempre se puede contratar
a alguien que tenga esos conocimientos;
2.
Existe
la posibilidad de pedir un crédito. La verdadera razón para asociarse suele ser
el medio. Juntarse con otra persona es, sobre todo, un factor de seguridad.
Pero no hay que olvidar
que un socio también puede ser una fuente de problemas. Asociarse es como
casarse. Se van a compartir vivencias intensas y muchos momentos duros de modo
que la decisión de incorporar a alguien en el proyecto debe valorarse con la
cabeza muy fría. Hay experiencias de asociación exitosas, claro que sí.
Matrimonios profesionales muy bien avenidos; empresas con tres, cuatro y más
socios; y también cooperativas que funcionan muy bien. Pero la realidad es que
los casos de asociaciones frustradas son mucho más numerosos. Y es algo que tenemos
tener en cuenta.
Pero incluso cuando se
decide emprender en solitario, es básico gestionar bien las relaciones con los
demás. Ser jefe es mucho más difícil de lo que parece. Saber rodearse de un
buen equipo y aprender a dirigirlo, delegar, motivar, crear un buen ambiente y
dar con el modelo organizativo adecuado son algunas de las claves. Aunque lo
cierto es que para la organización de equipos no hay fórmulas mágicas y cada
caso es diferente. Por una parte, hay que tener en cuenta las preferencias de
cada persona: hay quienes se motivan con incentivos económicos, otros con
flexibilidad de horarios o reconocimiento. Por otro, también son importantes
las relaciones internas de los grupos que pueden producir equipos muy
equilibrados o todo lo contrario. Y por último, tener muy presentes las
peculiaridades de cada sector: no se gestiona igual el personal de una empresa
de tornillos que el de una agencia de publicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario