viernes, 11 de mayo de 2012

¿Cómo montartelo por tu cuenta? (II)


Aquí os dejo la segunda parte de cómo montártelo por tu cuenta, hasta la semana que viene más y mejor.

La cruda realidad

El papel lo aguanta todo, el proyecto puede ser muy bueno y tener una previsión de ventas muy buena. Pero llega el momento de enfrentarse a la cruda realidad, y es que la inserción en el mercado es siempre complicada. Supone el comienzo de la actividad real, más allá de todo el trabajo previo que se haya realizado (modelo de negocio, conocer el sector, plan estratégico, DAFO…), y la idea se mide en un terreno competitivo lleno de dificultades que tal vez no se haya tenido en cuenta antes. Las claves para sobrevivir en esta jungla pueden ser mantenerse alerta, tener humildad, ser objetivos, ser muy audaces, pero sobre todo tener capacidad de adaptación para modificar nuestra idea a las necesidades del mercado.

¿Emprender solo o acompañado?

Es uno de los aspectos más críticos del emprendizaje: decidir con quién trabajar y qué tipo de relación establecer; aprender a motivar a los demás y trabajar en red. Por muy multitarea que seas, casi ningún proyecto puede salir adelante con una sola persona. Los socios, empleados y colaboradores pueden multiplicar el potencial de tu proyecto o condenarlo al fracaso, ser una fuente de alegrías y satisfacción o convertirse en tu peor pesadilla. No existen fórmulas mágicas y es fundamental dar con la buena.

En general, quienes emprenden por primera vez suelen optar por hacerlo acompañados porque, a primera vista, las ventajas son evidentes. Asociarse permite compartir responsabilidades, penas y alegrías. Aporta mayor capacidad de trabajo y, por supuesto, más capital. Las razones por las que las personas emprendedoras optan por asociarse suelen ser de dos tipos:

1.    Para suplir sus propias capacidades con alguien que conoce bien el sector o posee habilidades concretas; bien para conseguir mayor financiación. Pero quienes cuentan con mayor experiencia en emprendizaje insisten en que estas son falsas. En el primer caso, siempre se puede contratar a alguien que tenga esos conocimientos;
2.     Existe la posibilidad de pedir un crédito. La verdadera razón para asociarse suele ser el medio. Juntarse con otra persona es, sobre todo, un factor de seguridad.

Pero no hay que olvidar que un socio también puede ser una fuente de problemas. Asociarse es como casarse. Se van a compartir vivencias intensas y muchos momentos duros de modo que la decisión de incorporar a alguien en el proyecto debe valorarse con la cabeza muy fría. Hay experiencias de asociación exitosas, claro que sí. Matrimonios profesionales muy bien avenidos; empresas con tres, cuatro y más socios; y también cooperativas que funcionan muy bien. Pero la realidad es que los casos de asociaciones frustradas son mucho más numerosos. Y es algo que tenemos tener en cuenta.

Pero incluso cuando se decide emprender en solitario, es básico gestionar bien las relaciones con los demás. Ser jefe es mucho más difícil de lo que parece. Saber rodearse de un buen equipo y aprender a dirigirlo, delegar, motivar, crear un buen ambiente y dar con el modelo organizativo adecuado son algunas de las claves. Aunque lo cierto es que para la organización de equipos no hay fórmulas mágicas y cada caso es diferente. Por una parte, hay que tener en cuenta las preferencias de cada persona: hay quienes se motivan con incentivos económicos, otros con flexibilidad de horarios o reconocimiento. Por otro, también son importantes las relaciones internas de los grupos que pueden producir equipos muy equilibrados o todo lo contrario. Y por último, tener muy presentes las peculiaridades de cada sector: no se gestiona igual el personal de una empresa de tornillos que el de una agencia de publicidad.

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